AURORA SUMMER
Pasamos todo el domingo en casa y Douglas no se cansaba de mí; cualquier cosita que yo hiciera lo excitaba.
Llegó el lunes y, por mucho que intentó convencerme de que debíamos faltar al trabajo, me negué a escucharlo.
—Por centésima vez, Douglas, para —gemí mientras apartaba su mano de mi cintura. Estaba intentando vestirme para el trabajo, pero cada vez él venía por detrás y empezaba a besarme el cuello, me dejaba confundida sobre si quería vestirme o desnudarme.
—Está bien, eres