DOUGLAS WARD
—¡Sam! ¡Sam! —grité mientras corría hacia el interior de la casa como si fuese un hombre cuya casa estuviera en llamas.
—¡Sam! —llamé de nuevo, subiendo las escaleras apresurado hacia su habitación, pero el cuarto estaba vacío.
—¡Martha! ¡Martha! ¿Dónde está Sam? —le cuestioné a la niñera, que me miró confundida.
—Está en el jardín, el abuelo vino a verlo.
No esperé nada más, corrí hacia el jardín y solo entonces pude respirar aliviado al escuchar la risa de mi hijo.
Él estaba bien