En el momento que llega al rellano que se encuentra justo enfrente de la puerta de entrada de la casa tropieza con un cuerpo duro y de no ser porque unos brazos fuertes la sostienen habría caído sentada en el piso, levanta la cabeza y el dueño de dicho cuerpo le sonríe cortés.
Amelia arruga el entrecejo al percatarse de que la cara le es muy familiar, sus rasgos son similares a las de Bastián de hecho; si no le hubiese dicho que de su primer matrimonio no tuvo hijos creería que este joven lo es