Liam abrió los ojos, sobresaltado, al escuchar el insistente sonido de su móvil. Rápidamente encendió la lamparilla de noche, percatándose de que su esposa no se encontraba junto a él, tal y como recordaba, y, confuso, tomó el aparato que se encontraba sobre la mesilla de noche.
—¿Hola? —preguntó, adormilado.
Se incorporó de inmediato en la cama al oír un quejido del otro lado de la línea.
—¿Amy? ¿Eres tú? —inquirió con el corazón en un puño.
Un nuevo quejido rompió el silencio, antes de que se