Capítulo 18. Tres ráfagas nítidas
Damián apretó los puños, ignorando el dolor en su labio, y bajó los escalones en dirección opuesta a la multitud. Su mente era un caos, pero la urgencia de sacar a Valeria de su cabeza fue reemplazada de inmediato por una alarma mucho más física. Caminó a paso rápido hacia el sector trasero del predio. Al llegar a la esquina del edificio, aguzó la mirada entre la penumbra y los vehículos.
El auto de Valeria todavía estaba allí.
Un frío helado le recorrió la espina dorsal. Le había ordenado que