5. EL SEÑOR LÓPEZ

 Ese día el señor López no había querido reunirse con nadie. Suspendió todas las reuniones y citas que tenía, luego de una acalorada discusión que había sostenido por teléfono con su madre y que Sofía había podido escuchar con claridad, pues la puerta de comunicación de los despachos estaba abierta y su jefe tenía el audio puesto.

—No puedes hacer eso mamá, por favor. Estás enferma del corazón. El doctor dijo que debías mantenerte tranquila, en un lugar relajado. ¿Cómo te vas a ir a viajar por el mundo en un crucero?

—Ese doctor no sabe lo que dice —le respondió la señor Elvira— quiere que me muera en esa casa solitaria donde todo me recuerda a tu padre. No, me iré y no me lo vas a impedir. Ya sabes la única manera en que me quedaré a tu lado.

—No me volveré a casar jamás, te lo dije. Olvídate de eso.

—Hijo, ya pasó tiempo de ese hecho, tienes que avanzar, quiero tener nietos antes de morirme. ¡Eres mi único hijo!

—¡Que no mamá! ¡Olvídalo!

—Pues no esperes encontrarme cuando llegues hoy a la casa, ya estoy encima del crucero. Adiós, te mandaré una postal de cada ciudad que visite.

—No puedes hacer eso, mamá…, mamá… ¡Maldición!

 Por el sonido del teléfono Sofía supo que su jefe estaba muy alterado. ¿Qué sería eso tan malo que le habría sucedido? Con discreción cerró la puerta de comunicación y se dedicó a su trabajo, extrañada de sentir un silencio absoluto en el despacho de su jefe.

 Después de la acalorada discusión con su madre por teléfono, el señor López se quedó en silencio durante unos minutos, recordando su pasado. Recordaba el momento en que se casó con la mujer que creía que era el amor de su vida, Delia. Cómo juntos habían empezado en la empresa familiar que su padre le había cedido en cuanto se graduó, y cómo habían trabajado juntos para hacerla crecer.

 Pero también, recordaba el momento en que descubrió que su esposa lo estaba engañando con su mejor amigo Carlos. Al que en un acto de buena voluntad, o de estupidez, para demostrarle que no le importaba de dónde había nacido, le cedió un treinta por ciento de las acciones de la empresa. Por eso no podía olvidar cómo Delia y Carlos juntos, habían planeado traicionarlo y hacerlo perder todo lo que tenía. 

 Ahora recordaba el momento en que los descubrió en su cama haciendo el amor, y cómo se sintió traicionado y humillado. Cierra los ojos y se ve llegar esa fatídica noche en que regresó antes de su viaje, para darle la sorpresa a su esposa, con un enorme ramos de rosas rojas y el juego de joyas que tanto le había pedido.  Fue lo más terrible que ha experimentado en toda su vida, al abrir la puerta le llegaron claros los fuertes gemidos provenientes de la habitación.

  Aunque sabía exactamente lo que estaba sucediendo, tenía que verlo con sus propios ojos. Convencerse de que no era producto de su imaginación. Abrió la puerta de la habitación y encendió la luz. Allí, en medio de la cama los vio. No solo era su esposa quien lo traicionaba, sino el que creía que era su mejor amigo. No fue solo una traición, ¡fueron dos!, y cual de ellas más terribles y dolorosas.

 El señor López sintió una punzada de dolor en el pecho al recordar aquella noche. Había sido el momento más doloroso y humillante de su vida. Había sentido que su mundo se venía abajo, que todo lo que había construido con su esposa y su amigo, se había desmoronado en un instante.

 Recordaba cómo había caído al suelo, sin fuerzas, incapaz de procesar lo que estaba viendo, de cómo su esposa y su amigo habían intentado justificarse, y habían tratado de convencerlo de que todo era un error, una confusión. Pero él sabía la verdad. Sabía que lo habían traicionado, que habían planeado todo para quedarse con su empresa y su fortuna. 

 El señor López tiene muy claro todavía, el largo y doloroso proceso del divorcio. Había estado convencido de que lo perdería todo, que su ex esposa y su ex amigo lograrían quedarse con su empresa y su fortuna. Había luchado con todas sus fuerzas para recuperar las acciones, pero no había tenido éxito. 

Se había casado con ella sin división de bienes, le tocaba la mitad de todo lo que tenía, es decir un treinta y cinco por ciento de las acciones, lo que los hacía los máximos accionistas y prácticamente dueños de todo lo suyo. Sin embargo, el día del juicio, algo increíble sucedió. 

Su padre apareció de pronto en la sala, trayendo consigo los verdaderos documentos de propiedad de la empresa. El abogado de la familia demostró que las acciones que tenía su ex amigo eran falsas, y que su propio padre las había creado para darle la ilusión de que le entregaba la empresa con todo a su hijo.

 El señor López no podía creer lo que estaba pasando. Había estado al borde de la ruina, convencido de que lo perdería todo. Pero de pronto, gracias a la intervención de su progenitor que por algún motivo nunca confió en Carlos ni en su esposa Delia, todo había cambiado. Había abrazado a su anciano padre, agradecido y emocionado, sintiendo una mezcla de alivio y gratitud al saber que su fortuna y la de su familia estaban a salvo.

 Pero también había sentido una profunda tristeza y decepción hacia su ex esposa y su ex amigo. Habían intentado  hacerlo perder todo, pero habían fracasado gracias a la intervención de su padre. En medio de la sala del juicio, mientras el juez daba la sentencia del divorcio, el señor López abrazó a su papá con lágrimas en los ojos. Había sido un momento emotivo y grandioso, uno en que se había sentido agradecido por tenerlo a su lado.

 Mientras tanto, Delia gritaba improperios y maldiciones hacia él, incapaz de aceptar que había perdido todo lo que había intentado robarle. Pero el señor López no podía preocuparse por ella en ese momento. Estaba demasiado ocupado sintiendo gratitud hacia su padre y aliviado de que lo hubiese engañado de esa manera y no le entregara en realidad la fortuna familiar. Su padre se disculpó diciendo que solo lo tenía a prueba. En ese momento, lejos del temor que sentía su padre de que se ofendiera, le estaba grandemente agradecido por no confiar en él, porque tenía razón.

 Aunque había logrado reconstruir su vida y su fortuna después del divorcio, el señor López nunca olvidaría el momento en que su padre le había salvado de la ruina. Había sido un momento  que tenía presente cada día de su vida. La desconfianza de su padre en él, que estaba envuelto en una burbuja de amor y engaños, que podía ver desde afuera  y él no. Lo hicieron sentir que el amor y la lealtad de su familia, eran lo más importante en el mundo. Que debía confiar ciegamente solo en ellos dos.

 También había aprendido una lección valiosa después de su divorcio y la traición. Tomó la decisión de que no volvería a tener ninguna de las dos relaciones que habían estado a punto de destruirlo: una relación de negocios y una relación amorosa. Había entendido que, en ambos casos, era importante conocer muy bien a la otra persona y tener una comunicación clara y sincera antes de confiar ciegamente sin dudar. 

¡Ese error jamás lo volvería a cometer! Porque después de lo que había pasado, no estaba seguro de que pudiera volver a confiar en alguien de esa manera. Así que había decidido centrarse en su trabajo y en sí mismo, trabajando duro para reconstruir su vida y su fortuna. Había creado esa empresa nueva, lejos de las sombras del pasado, y había logrado hacerla crecer gracias a su dedicación y esfuerzo. 

Pero a pesar de su éxito, seguía sintiendo una profunda tristeza y decepción por lo que había pasado. Sabía que nunca podría olvidarlo, nunca podría perdonar a su ex esposa y a su ex amigo por lo que le habían hecho.   Por eso seguía viviendo solo, sin comprometerse con nadie ni en los negocios ni en el amor. Sabía que era una decisión solitaria, y también, que era la única forma en que podía protegerse a sí mismo y a su fortuna. 

 Su madre era otra historia. A pesar de quererla, su insistencia en buscarle una relación lo desesperaba. Miles de veces lo había engañado, citándolo para comer con ella y al final lo dejaba solo con una mujer. Ya estaba al borde de la locura, y ahora se había vuelto a ir de viaje en un crucero. No sabía qué hacer con su madre. No quería perderla, pero tampoco podía soportar sus intentos constantes de encontrarle una pareja. Había intentado hablar con ella, explicarle que no estaba interesado en tener una relación en ese momento, pero ella parecía no entenderlo.

 De un lado, entendía que su madre quería verlo feliz y acompañado. Por otro lado, sentía que ella no respetaba su decisión de no tener una relación en ese momento. Estaba cansado de tener que explicarse una y otra vez, de sentirse presionado para encontrar a alguien.

 Por ahora, lo único que podía hacer era esperar a que su madre regresara del crucero y tratar de hablar con ella de nuevo. Sabía que no sería fácil, pero esperaba que pudiera hacerle entender que necesitaba tiempo para sanar sus heridas y recuperarse antes de pensar en tener una relación. 

 La puerta del despacho de su asistente al cerrarse, lo hizo salir de sus recuerdos, para concentrarse en su asistente ejecutiva. Desde que regresara, se preguntaba si Sofía sería capaz de traicionarlo de igual  manera. Porque ella se había ganado su confianza y eso lo hacía temer. Sofía era todo un enigma para él. Desde antes de regresar había notado algo extraño en ella. 

 Estaba seguro que había cambiado. No sabía explicar cómo, pero ésta Sofía no era la que él había dejado. No solo físicamente, que se había convertido en más mujer, sino…, ¡no podía explicarlo! Pero esta Sofía, no era su Sofía ingenua, era diferente. Se quedaba por ratos observándola, tratando de saber que era, sin conseguirlo. ¿Qué pasaría en su ausencia? La puerta se abrió en ese momento para dejar pasar a su jefe de seguridad.

—¿Y? ¿Pudiste saber lo que te pedí?

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