32. LA CITA A CIEGA
En medio de todas sus dudas y temores, una idea comenzó a tomar forma. Quizás eso era lo mejor. Quizás la interrupción repentina de López, era una señal de Dios, de que debía manejar las cosas de manera diferente, y no debía decirle nada. Quizás debía enfrentar a Mía por sí misma, sin involucrar a nadie más, era lo correcto.
Con estas reflexiones en mente, cogió a su pequeño con más firmeza y decidió regresar a la seguridad de su casa. Dejó atrás el parque y la turbulencia de los últimos momen