311. FELICIDAD
Entre él y la señora Azucena le sirven a todos un plato que se lo comen sentados en la mesa que existe allí ante las miradas atónitas de los sirvientes, que conociendo que son los dueños los miran incrédulos.
—Padre —comienza a hablar Hanriet— yo sé que a lo mejor usted está deseando que yo me cambie mi apellido, pero, ¿puedo mantener el de los Cavendish? Si quiere los invierto, López Cavendish. Lord Henry fue de veras y sigue siendo muy bueno conmigo.
—Hijo, lo único que me interesa es que s