310. LA FAMILIA
Mientras, en la parte de afuera de la casa, después del ataque, Mía se encontraba visiblemente afectada. Aunque su rol era ser la guardia de seguridad de Sofía, en el momento crítico, su instinto maternal había tomado el control. La posibilidad de un peligro inminente para su propio hijo no nato la dejó inmovilizada por el miedo, una reacción humana que la enfrentaba a la dualidad de sus responsabilidades profesionales y sus instintos personales.
—¿Qué te pasa, Mía? —preguntó Fenicio, notand