272. CONTINUACIÓN
En Capitalia, el despacho de la mansión de Lord Henry Cavendish, estaba impregnado de un silencio pesado, roto únicamente por el sonido ocasional del fax, como el eco distante de un tambor anunciando cambios inminentes. Lord Henry, con la mirada perdida en el retrato de su hijo menor Henry y el de Javier, sentía cómo el peso del pasado se fundía con la promesa de justicia futura.
El papel que sostenía entre sus dedos era más que un certificado; era el preludio de una redención largamente esp