231. PROMESA INESPERADA
Fenicio finalmente bajó los binoculares, consciente de que no podía seguir al francotirador y a Mía al mismo tiempo. Tenía que tomar una decisión. Con un suspiro pesado, guardó los binoculares en su bolsa. Tras asegurarse de que el francotirador siguiera siendo vigilado por sus hombres, regresó a la mansión.
Su mente trabajaba a toda velocidad, intentando descifrar el código indescifrable del corazón de Mía. ¿Cómo podía haber calculado tan mal? ¿Cómo podría reparar lo irreparable? Frenéticam