145. CONTINUACIÓN
Y sin más, se alejó, desapareciendo en la niebla espesa que envolvía el camino. Caminaba con paso decidido, guiada por una urgencia que le dictaba su corazón. Si era él, necesitaba verlo, aunque fuera una última vez, pedirle perdón, confirmar que su corazón no le jugaba una mala pasada.
Al llegar al cementerio, lo vio. ¡Era él! ¡Estaba vivo! La realidad golpeó a Elvira como un rayo, llenándola de un torbellino de emociones. Sin pensar, sin darse cuenta de lo que hacía, corrió con todas sus fue