Catalina Stuart
Georgina no pierde tiempo. Saca su teléfono y se pone de pie, alejándose unos pasos de la mesa mientras marca un número que parece conocer de memoria.
—Necesito un favor —dice en voz baja, directa—. Sí, ahora… Lombardi. Todo lo que tengas: empresas, fundaciones, juicios cerrados, acuerdos fuera de corte. Especialmente matrimonios arreglados.
Cuelga y vuelve con nosotras. Su expresión ya no es la de una amiga; es la de una mujer acostumbrada a desenterrar verdades incómodas.
—Los