Mariana Carbajal
Regreso a la conciencia envuelta en una pesadez que no comprendo. Todo mi cuerpo se siente ajeno, como si hubiera dormido demasiado tiempo. El sonido constante de un monitor marca un ritmo lento, insistente, que me obliga a abrir los ojos.
La luz me hiere primero.
Parpadeo varias veces hasta que las formas dejan de ser sombras difusas. Un techo blanco. El olor a desinfectante. El murmullo lejano de pasos.
Hospital.
Trago saliva con dificultad y mi garganta arde.
—¿Denn…? —mi vo