Mariana Carbajal
Desde que llegué a casa me refugié en mi habitación, cerrando la puerta como si así pudiera aislarme del mundo. Cada una de las palabras del señor Stuart regresaba a mi mente con cruel insistencia, repitiéndose una y otra vez hasta volverse insoportables. Una lágrima silenciosa se deslizó por mi mejilla, traicionando la fortaleza que había intentado sostener.
Le dije a Denn que lucharíamos por estar juntos, y lo creí en ese momento… pero ahora, en la soledad de esta habitación,