Mariana Carbajal
El peso de sus palabras se asienta en mi pecho con una fuerza silenciosa. No me sorprenden, pero aun así duelen. Porque en el fondo sé que Catalina no habla desde la crueldad, sino desde el miedo de perder a su hermano… un miedo que ahora comparto.
Bajo la mirada un instante, ordenando mis pensamientos. La idea de Marcelo interviniendo, de los reproches, de las viejas heridas reabriéndose, me tensa el cuerpo. No es solo Denn lo que está en juego; somos dos familias cargadas de