Mariana Carbajal
Despierto sola en la cama. Por un momento me desorienta el silencio, hasta que, a lo lejos, percibo el murmullo de voces que llegan desde la sala. Me incorporo despacio y, al darme cuenta de mi desnudez, busco algo con qué cubrirme. Tomo la camisa de Denn, todavía impregnada de su aroma, y me la pongo sin abrocharla del todo antes de salir del dormitorio.
Camino siguiendo el sonido de las voces hasta encontrarlo en la sala, acompañado. Mi presencia no pasa desapercibida.
—Hola,