Mariana Carbajal
Una vez que Denn detiene el auto en el parqueo subterráneo, gira el rostro hacia mí. En su mirada hay una calidez tan dulce que logra desarmarme por completo.
—No estoy de acuerdo con que sigamos ocultando nuestra relación —dice con voz firme—. La grité ante toda mi familia; aquí no debería ser diferente.
Extiende la mano y acaricia mi mejilla con suavidad, como si quisiera convencerme no solo con palabras, sino con ese gesto íntimo que siempre logra desestabilizarme.
—Mariana,