Mariana Carbajal
Verlo esperando fuera de mi edificio, con esa actitud tan relajada y despreocupada, hace que mi corazón se acelere sin remedio. Me encanta. En cuanto me ve, sus labios dibujan esa sonrisa capaz de derretirme por completo.
—Hola —susurro con una timidez que no puedo ocultar.
Él me responde con la mirada y, tomándome de la mano, me atrae con suavidad hacia su cuerpo.
—Hola, preciosa —murmura antes de sellar el encuentro con un beso pausado y tierno.
Nos quedamos así unos minutos,