Mariana Carbajal
Cierro la puerta detrás de mí y el sonido resuena más fuerte de lo que esperaba. Como si la oficina misma supiera que algo terminó ahí dentro.
Camino sin rumbo por unos segundos. No voy directo al auto. No puedo. Las piernas me tiemblan y tengo que apoyarme en la pared para no caer.
No mires atrás, me digo. No lo hago.
Pero eso no evita que su voz siga conmigo. Que su dolor se me enredé en el pecho como una culpa que no pedí, pero que igual cargo.
Respiro. Una. Dos veces. No al