Mientras más hablaba Teresa, más bien se iba sintiendo Leila.
Verla idealizando de manera tan intensa su relación cuando en verdad estaba muerta, le ocasionaba placer.
Leila no era una mala persona, pero la mujer que tenía en frente y el hombre que estaba dentro de la oficina tras ella, habían acabo completamente con su vida.
Nadie podía culparla por querer su venganza. Esa era la vida real, no una película donde todo el mundo olvidaba y perdonaba.
Ella recordaba y quería revancha.
—Me temo, Te