—Hazme un favor, viejo, y elige la segunda opción —advirtió Chris, arrastrando las palabras con una pasividad que helaba la sangre.
El mafioso estaba evidentemente molesto por las maneras tan rastreras en las que George le estaba hablando a Leila.
Las venas de su cuello se marcaban bajo la piel y sus puños, ocultos en los bolsillos, se cerraban con una fijeza peligrosa.
Quería reventarle la cara allí mismo, sin importarle absolutamente nada.
George observó a Chris detalladamente, midiendo el t