Kassio se acercó a la mesa en la que Nastia estaba sentada. Estaba lo suficientemente lejos de oídos curiosos y una columna lo separaba del resto de las mesas, dando privacidad.
Nastia estaba absorta en su celular, así que no notó su llegada hasta que se sentó frente a ella. Su madrastra levantó la mirada y abrió los ojos con sorpresa al verlo. Por supuesto, no duró demasiado. Siempre había sido tan hábil como él para mantener sus emociones bajo control y la fachada de desinterés.
—Hijo, es un