Valeria se miró en el espejo y respiró profundamente varias veces para calmarse. Los últimos cuatro días había estado sintiéndose mal. Las náuseas iban y venían, en especial durante las mañanas. El día anterior, en el trabajo, las náuseas la habían vencido, y apenas había logrado llegar al baño de antes de vaciar su estómago.
Al principio, había asumido que se trataba de un virus estomacal, pero esa misma mañana había reparado en el hecho de que su periodo llevaba tres días de retraso. Podía deb