Natasha despertó desorientada, parpadeando mientras sus ojos se ajustaban a la tenue luz de la habitación. Le tomó unos segundos recordar donde estaba, pero pronto las imágenes de lo sucedido las últimas horas inundaron su mente. El dolor, los gritos, la felicidad. Una sonrisa se extendió por su rostro al pensar en sus bebés. Eran tan pequeños y perfectos.
Giró la cabeza lentamente y vio a Domenico descansando en la pequeña cama que estaba a unos metros de distancia de la suya. Su pobre esposo