Valeria estaba sentada en la cocina, mirando al vacío. La taza de café en sus manos se había enfriado hace rato. Al escuchar su nombre de boca de su amiga, levantó la mirada y le dedicó una sonrisa de disculpa. Había dejado de escucharla hace ya algunos minutos, perdida en sus pensamientos.
—Lo siento, ¿qué decías?
Había pasado una semana desde que le confesó la verdad a Maxim, una semana desde que no lo había visto, y el dolor seguía siendo tan intenso como el primer día. Lo extrañaba demasiad