Valeria se hizo a un lado para dejar pasar a Sienna y a Natasha y cerró la puerta. Estaba algo sorprendida de que ellas estuvieran allí, pero tras reflexionar un instante, se dio cuenta de que no era tan extraño. La familia de Maxim era unida y siempre se cuidaban las espaldas mutuamente.
—Tomen asiento, por favor —invitó, señalando el sofá, y se quedó de pie en medio de la sala, incómoda.
Las expresiones de Sienna y Natasha no tenían ningún rastro de la amabilidad con la que la habían tratado