—Deberías sentarte —sugirió Valeria.
Maxim la miró, confundido, pero obedeció. Entonces Valeria, con las manos temblorosas, le tendió la fotografía que había mantenido oculta entre sus manos hasta ese momento.
Maxim tomó la foto y la observó en silencio, poco a poco, una chispa de reconocimiento cruzó su mirada. Valeria notó el cambio, pero no dejó que eso la desanimara. Que él recordara a Nydia no significaba que lo que su hermana le había contado fuera cierto. Podían haberse conocido, pero es