—No lo haces nada mal —comentó Kassio, extendiendo las manos para recibir a Bela. Él había ido a recostar a Andrei después de que cayera rendido.
Domenico devolvió a la pequeña, que ahora yacía dormida en sus brazos, con su padre.
—No es difícil cuidar de ella, es bastante tranquila. Es bueno que sacara eso de ti y la belleza de su madre.
Kassio sonrió, acariciando el rostro de su hija. Era tan diferente cuando estaba con sus hijos.
Domenico se perdió en sus pensamientos. Siempre había soñado co