Natasha estaba demasiado entusiasmada que no esperó a que Domenico le abriera la puerta. Bajó del auto e inclinó la cabeza hacia atrás, tomando una respiración profunda. El olor de la naturaleza inundó sus sentidos y una sonrisa se extendió por su rostro. Le gustaba la ciudad y el bullicio que la caracterizaba; sin embargo, también disfrutaba de la tranquilidad que le brindaba alejarse de todo eso por unos días.
—Comenzaba a extrañar a este lugar —comentó, mirando sobre el hombro a Domenico, q