—No te atrevas —advirtió Natasha levantando un dedo a la par que retrocedía.
Domenico le sonrió y continuó avanzando hacia ella.
—No sé de qué hablas. Yo solo quiero un beso de la mujer más hermosa del mundo.
Natasha rodó los ojos, sorprendida de lo cursi que podía ser Domenico. No es que se estuviera quejando, pero nunca habría imaginado esa faceta en él. Cualquier duda que alguna vez tuvo sobre los sentimientos de Domenico se había desvanecido con el tiempo que llevaban juntos. Él siempre enc