Valeria se puso algo nerviosa al ver a Maxim sonreír antes de llevarse el tenedor a la boca y comer como si ella no hubiera dicho nada. Necesitaba saber qué pasaba por su mente, si caería en su trampa o si, por el contrario, estaría de acuerdo con ella y dejar las cosas justo como estaban.
—Come, encanto, tu desayuno se enfría —dijo él, continuando su comida.
Valeria se sintió extraña al escuchar aquel apodo otra vez. La noche anterior no le había dado demasiada importancia, inmersa en el frene