Después de varios días de viaje, por fin llegamos al lugar donde todo había comenzado para mí; mi tierra natal.
—Mamá, ¿aquí fue donde creciste? —preguntó Lilia, mirando alrededor con ojos curiosos.
Asentí, revolviéndole el cabello con cariño. —Sí, Lilia. Este es mi hogar y desde ahora... también será el tuyo.
Apenas pronuncié esas palabras, divisé dos siluetas familiares acercándose por el sendero.
—¡Papá! ¡Mamá! —grité emocionada, corriendo hacia ellos con Lilia en brazos.
Al verme, sus rostro