Máximo no supo cómo logró sobrevivir esa noche. Se encerró en su habitación, aferrado a una vieja fotografía donde aparecíamos los tres: Lilia, él y yo.
No pudo pegar ojo hasta el amanecer.
—Evelyn... me equivoqué... de verdad me equivoqué. Por favor, vuelve... no sé vivir sin ti.
Una y otra vez murmuraba lo mismo, con la almohada empapada en lágrimas. No podía imaginar un futuro en el que no estuviéramos nosotras. Fue entonces cuando escuchó pasos al otro lado de la puerta. La esperanza le brot