Las manos del duque se enterraban en la tela justo donde la cabeza escondida del alfa se movía arriba y abajo, devorando su miembro, exprimiéndolo con su garganta, penetrándolo con sus dedos y dilatando las suaves paredes de su ano.
Su respiración subía y bajaba, su pecho perlado en sudor. Su vientre se estremecía anunciando que faltaba muy poco. Casi nada. Solo un poco más y estaba seguro que… y justo cuando lo pensó la punta de uno de los dedos de Lyon rozó su próstata.
Ashary vio brillitos d