—Oh, lo siento, no sabía que estabas ocupado, puedo volver después.
—No, de hecho ya terminábamos —respondió mi padre—. Solo estaba felicitando a los muchachos por su matrimonio y organizando algo pequeño para celebrarlo.
Sentí el golpe de esas palabras como si me hubieran quitado el aire.
Miré a Alessandro y él me miró de vuelta.
No dijo nada pero no hizo falta orque en ese cruce de miradas, todo el valor que había reunido para decir la verdad simplemente desapareció.
Asentí.
Como si todo fuer