ISABELLA
Dormí horrible.
O más bien, no dormí.
Lloré hasta quedarme sin fuerzas, me quedé mirando el techo durante horas y, cuando finalmente el cansancio empezó a vencerme, el sonido de una puerta cerrándose en el pasillo volvió a despertarme. No sabía si era Damian entrando a su habitación o saliendo de ella. Tampoco quise averiguarlo.
A las cinco y media de la mañana me rendí.
Me puse ropa deportiva y salí a correr antes incluso de que amaneciera completamente. El aire frío me golpeó el rost