HEKTOR
—¡Héctor! ¡Héctor, despierta!
El grito de Rebeca me despertó de golpe y me levante del sofá. Caí al suelo, me enredé con la cobija y logré ponerme en pie en dos segundos, corrí a la habitación y la encontré sentada en la orilla de la cama, respirando de forma entrecortada y apretando las sábanas con una fuerza que me asustó.
— ¿Qué pasa? ¿Es el bebé? —pregunté, arrodillándome frente a ella.
—Se me rompió la fuente Héctor, nuestro hijo ya viene —susurró, y justo en ese momento soltó un ge