REBECA
Me desperté con el cuerpo pesado, no por el baile de la boda de Susy, sino por la resaca emocional de haber sostenido una máscara frente a cincuenta tías que me miraban como si fuera un milagro de la naturaleza.
—¿Despierta? —la voz de Héctor, profunda y aún ronca por el sueño, llegó desde el otro lado de la cama.
Me giré para verlo, estaba sentado con el torso desnudo y el cabello revuelto, luciendo insultantemente guapo para ser tan temprano.
—Dime que mi papá no nos obligó a compromet