Liam la observó por un momento, pensando en que si había algo que no había cambiado en Denise era su capacidad de sorprenderlo por como veía la vida. Ella tenía toda la razón. Debía dejarla ser. Sí, lo que había pasado lo había vuelto aún más paranoico de lo que ya era, pero no podía pensar en ello todo el tiempo, porque, de hacerlo, se perdía lo mejor de la vida: vivir.
―¿Sabes qué? ―preguntó―. Tienes razón.
―Amo cuando dices eso. ―Denise rio y bebió un sorbo de su café.
―Me alegra poder hacer