Percatándose de que el dolor de cabeza había desaparecido, Denise se encaminó hacia el segundo piso, pensativa. Si bien las palabras de Liam la habían tranquilizado, no se sentía del todo cómoda con la conversación que habían mantenido. Aunque él le hubiese asegurado que el tener hijos no era algo que necesitara, había dejado en claro que en el fondo lo deseaba y ella no podía evitar sentir que estaba siendo un tanto egoísta. «No eres egoísta, Denise. Además, no está todo dicho», dijo una voz e