En cuanto el bus frenó en la parada correspondiente, Denise se precipitó hacia el exterior, deseosa de ingresar cuanto antes a la empresa. La lluvia había comenzado a precipitarse sobre la ciudad y el frío se había vuelto más intenso.
Como pudo, haciendo malabares para no caerse de los quince centímetros de tacón que había escogido aquella mañana, se acercó a la entrada y, sin mirar atrás, se adentró en el edificio, suspirando, aliviada de que el bus la hubiese dejado tan cerca. Tan solo había