A ESCONDIDAS
—Siento interrumpir —dijo Rebecka con un gesto que indicaba que aquello era una gran mentira—, pero hace media hora que los estamos esperando en la sala de reuniones. El jefe del servicio de la decoración de la fiesta está esperándonos —agregó.
Denise miró el ordenador. Había olvidado por completo aquella cita que, en efecto, figuraba en el itinerario que Adam había confeccionado para aquel día. Se maldijo mentalmente. No obstante, no era la única que lo había pasado por alto.
—Lo