Liam observó a Denise y a la carta alternativamente, hasta que por fin se decidió a hacerle caso. No sabía qué demonios había escrito Amelia que pudiese llevar a Denise a aquel estado, pero no cabía duda de que, si quería saber, no le quedaba más remedio que comenzar a leer. Y así lo hizo, llevándose una mano al pecho y frunciendo el ceño con cada palabra, comprendiendo miles de interrogantes que ni siquiera había llegado a plantearse, y entendiendo por fin por qué Denise se encontraba tan mal.