El borde del colgante dejó una marca de sangre en el rostro de Carlos. Se inclinó ligeramente hacia un lado, su mirada siguió la dirección en la que se deslizaba el collar, mostrando una expresión de quien ha recibido un golpe devastador.
—No sigas desquiciándote conmigo, ¡y no pierdas más el tiempo!
—¡No sigas metiéndote en mi vida! ¡Puedo estar con quien yo quiera, pero esa persona definitivamente no serás tú!
Carlos lentamente giró su cabeza, entrecerrando los ojos. Su mirada, atravesando