A pesar de odiar la alta costura y de detestar el absurdo culto de las pasarelas, Margaret siempre
ha admirado a Yves Saint Laurent, porque ese hombre melancólico, con sus vestidos un poco
ambiguos, ha logrado refinar el mundo, haciendo a la mujer un poco menos mujer y al hombre un
poco menos hombre. «No importa lo que vosotros penséis de mí; lo que importa únicamente es
lo que yo pienso de vosotros.» Margaret lo leyó una vez en un enorme cartel publicitario de las
creaciones del estilista arge