62. Dolor
Markus se encontraba frente a Teresa, quien lo miraba llena de resentimiento. Él no podía culparla, pero tampoco podía seguir mintiendo sobre sus sentimientos. No podía confiarle por qué no podía amarla como se merecía, a pesar de ser su mate y ella su luna.
Le costó una semana armarse de valor para decirle a Teresa el motivo por el cual no podía marcarla.
—Eres un maldito, ¿lo sabías? —le dijo ella, golpeando su pecho. No podía creer lo que estaba oyendo, aunque siempre sospechó que algo extra