Cuando Enzo regresó, era ya de madrugada. La luna filtraba su luz plateada a través de las cortinas entreabiertas. Había corrido durante horas por los territorios de su padre, dejando que su forma de lobo devorara la distancia, quemando la rabia y la frustración en cada zancada. Ahora estaba relajado, el cuerpo aún caliente por el esfuerzo, la mente más clara.
Entró desnudo a la habitación, la ropa abandonada en algún lugar del bosque. Caminó directo a la cama con pasos silenciosos, Rose dormí