Para él, aquello no era un evento digno de atención. Era simplemente otra muestra del orden natural de la manada: miedo, respeto y sobre todo, la jerarquía.
—Por favor —lloriqueo la mujer.
Lyra al ver que nadie hacía nada dio un paso al frente. Miró al niño que parecía al borde del llanto, y luego a la mujer que no paraba de suplicarle a un indiferente Ronan.
—No pasa nada —susurró Lyra con voz suave. Provocando que la mujer la mirara con sorpresa a lo que ella le brindó una sonrisa—. De