El sol de la mañana se filtraba por las altas ventanas del desayunador, bañando la mesa de madera con una luz tibia que hacía brillar la porcelana y la fruta fresca colocada en el centro, Lyra estaba sentada sola, como era de costumbre para ella, quien aún no se acostumbraba al silencio de la enorme casa de Ronan. El lugar era demasiado grande, elegante y sobre todo distinto al pequeño refugio donde había vivido con su madre.
Tomó un trozo de pan con mantequilla y lo llevó a la boca, tratando